Familia Sosa Díaz

“Cuando tenía 24 años fui operada de un quiste en el ovario izquierdo, como era muy grande tuvieron que extirparlo junto con el ovario; aunado a esto, mi ovario derecho era poliquístico y quitaron parte del mismo.
En 1998 me casé y decidimos esperar dos años antes de embarazarnos, después de ese tiempo empezamos a buscar al bebé, pasaron otros dos años y no lográbamos el embarazo. Decidimos consultar con un médico de la familia, no especialista en ginecología ni infertilidad, y nos mandó realizar un estudio sanguíneo. Llegados los resultados, me dijo: “Tú nunca podrás tener hijos, sólo tienes un ovario y está hecho piedra, y de una piedra no se pueden sacar óvulos, no hay nada que hacer”.

Después del shock por la noticia, me tranquilicé y comencé a buscar un especialista. Tratamos con tres especialistas diferentes, sin haber obtenido resultados positivos, por lo que, para el 2005, ya habíamos aceptado que llevamos a cabo todo lo posible y decidimos cambiar de ambiente, mudándonos de México, Distrito Federal, a la ciudad de Querétaro.

Aunque me sentía desgastada física y emocionalmente, en el fondo seguía deseando ser madre. Un día pasamos frente a las instalaciones de Médica Fértil, era domingo, retrocedimos para ver si había algún teléfono al cual llamar, ingresamos a su página en internet, conocimos el perfil médico y nos agradó.

Nuestra primera consulta fue en julio de 2006, siendo muy bien recibidos y atendidos, informamos de todo lo vivido y los intentos realizados antes, recuperaron mi historial y, minutos después, el Dr. Rafael Sánchez Usabiaga habló con nosotros y nos dijo “según los resultados de estos estudios yo no veo anormalidades, pero necesitamos hacer estudios actualizados para saber realmente cómo están, y entonces podemos hablar sobre qué tratamiento seguir”. Esas palabras nos hicieron sentir bien, vi en la mirada de mi esposo una nueva luz de esperanza.

Ese mismo día nos indicaron los estudios a realizar y a los siete días nos citaron nuevamente para darnos los resultados y decirnos a qué técnica de reproducción asistida éramos candidatos. El método decidido era FIV. Nos explicaron en qué consistía el procedimiento y los riesgos para la paciente. En ese momento decidimos aceptar y de inmediato inicié con tratamiento para inducirme la ovulación, obteniéndose dos óvulos, los cuales fueron fecundados y se transfirieron a mi útero sin inconveniente. Seguí todas las indicaciones al pie de la letra. Al hacerme la prueba de embarazo, mi esposo abrió el sobre y con lágrimas en los ojos me dijo “positivo”. Llamamos a la clínica para darles el resultado y agendar cita, al llegar, me pasaron a revisión y aprecié en pantalla el mejor regalo de la vida. En el ultrasonido de la semana 16 pudimos ver que sería una niña, el embarazo avanzaba perfectamente. Mi hija nació el 8 de abril del 2008, pesó 2.760 kg y midió 48 cms.

Por todo esto les quiero invitar a que no se desanimen y hagan todo lo que esté de parte de ustedes.”